Inconscientemente Feliz

  
Boda espectacular. Entre excelente música, vestidos, maquillaje, pasteles, joyas, y todo lo que pertenece a una obra teatral como lo son las bodas, aparecieron dos cosas que me llamaron la atención: las edades y el alcohol. No tiene nada que ver una con la otra, pero por cierta situación, aquí, se juntaron.

Ya casi al final de la boda, cuando nos encontrábamos la mayoría de los invitados muy, pero muy borrachos (sin perder la elegancia obviamente), se hizo una rueda en la pista para que bailara una señora. Una mujer de 85 años tal vez, elegante, bien peinada, maquillada, y feliz. Pero no feliz porque la estábamos o no viendo, sino porque ella estaba bailando. Como esa frase tan famosa “dance like if no one is watching.”

Parecía un momento muy normal. Típico de cualquier boda. Pero yo me quedé pensando lo que pasaba dentro de la mente de esa señora. Porque en ese instante, era igual que estarle haciendo un círculo a un niño de 5 años. Porque yo no creo que a mi, ni a otra persona de mi edad, nos gustaría que nos hagan un círculo para bailar y ver cada uno de nuestros movimientos. Sería incómodo, ilógico, y absurdo. ¿Por qué?

Esta señora, que en algún momento también tuvo mi edad, con un cuerpo libre, flaco, atlético, femenino…ahora era una viejita a la que le aplaudían por poder mover su cadera al ritmo de la música “de los jóvenes”. Me imaginé todo lo que habrá en la historia de esa señora, que alguna vez fue niña. Que alguna vez hizo travesuras. Que seguramente más de mil veces bailó con una pareja. Pero bailó sexy. Y bailó bien. Y no le aplaudían como a un niño chiquito. Una señora que ya vino y fue por la vida. Que nos da muchas vueltas de experiencia a todos los que la rodeábamos entre festejándola y admirándola. Pero que seguramente, a sus 35 años, no se hubiera sentido cómoda si le hacían una rueda en la pista para que baile sola mientras le aplauden como si fuera un show.

De pronto, mientras pasaba esto, una de las invitadas de la boda, también un poco entregada al alcohol y sus “maravillosos” efectos, se acercó y me dijo “es increíble lo que uno hace cuando no se da cuenta lo que hace”. Estaba hablando de la señora, la que bailaba, la de casi 85 años. Se refería a ella como si fuera una borracha bailando. Porque a nuestra edad, tiene uno que estar borracho para bailarle a tanta gente en un círculo tipo circo. Pero ella me estaba dando a entender, que la señora no lo hacía por borracha, sino por inconsciencia plena. Como le sucede a un bebé o a un niño pequeño.

Y entonces me dijo “Da más felicidad la inconsciencia que la conciencia”. 

Y me paralicé. Ya no me di cuenta si había música, si la señora bailaba, si me empujaba una amiga… Me quedé quieta, tratando de deglutir cada una de las palabras que me dijo. El significado de ellas. La profundidad. Estoy segura que ella no se acuerda que lo dijo. Ni el efecto que tuvo en mi.

¿Qué pasa con nuestras vidas que hace que esta frase sea real? ¿Qué pasa con ese paso entre niño, adulto y viejo, en que la conciencia que nos mantiene dentro de un margen de rectitud, se convierte en inconsciencia y libertad? ¿Y por que, entonces, aceptamos vivir en esta conciencia perfecta y analizada la cual lo único que trae es tanta, pero tanta, conciencia de nuestra imperfecta vida, que escupe infelicidad por todas partes? El deber ser. El comportamiento perfecto. El estilo. El vestido adecuado. El ser el mejor. El más guapo. El más rico. Que nadie hable mal. Que nadie se burle. Cuidar palabras, gestos. Caerle bien a todos, aun a cuestas de nuestra propia integridad y a veces hasta salud.

¿Qué pasa en esa inconsciencia del niño y el viejo, que los mantiene felices. Que les permite hacer y decir lo que quieren. Bailar sin o con ritmo, rodeados de gente, haciendo una fiesta de cada movimiento sin sentirse burlados, atacados, criticados?

Entonces creo, y pienso, que prefiero la “lúcida locura de Don Quijote de la Mancha”. Que quiero ser más como él, como mi hijo, y como aquella señora que bailaba como si nadie la estaba viendo. Que sí, yo también, prefiero estar a veces, más inconsciente que consciente de la vida. Pero más bien, prefiero vivir con la felicidad que da la inconsciencia de estar viva, mientras estoy consciente de esto y de todos mis actos. ¿Complicado? Al principio tal vez, después no tanto. Aprenderás a aceptarte. Y luego, aprenderás a que los demás te acepten. Y de pronto, podrás bailar y bailar, sin tener que estar totalmente borracha para ser un poco más tu. Sin tener que ser niño ni viejo para vivir joven y feliz.

2 Comments

  1. Margie

    Tan rico que es leerte y generar conciencia para vivir, como tu dices, mas felices en la inconciencia!!

    • Debbie Chamlati

      Gracias! Por comentarios como este dan ganas de seguir compartiendo y escribiendo. Te mando MUCHOS besos!!!

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