Mi Maestro, El Taxista

El maestro fue él. Esa tarde, no esperaba nada más que ir en el taxi, acalorada, camino al aeropuerto. Los niños acelerados y angustiados porque terminaron las vacaciones. Era hora de los sagrados audífonos viendo hacia la ventana. Despidiéndome a mi manera de ese lugar que tanto quiero, Acapulco.

Su voz me llamó la atención. Parecía extranjera, un acento diferente pero un español perfecto. No importa. Siguió platicando. Pospuse el uso silenciador de la música por un tiempo más para descubrir qué tanto tenía que decir. Sentí un poco atrevida su presión porque oyéramos sus pensamientos, sus ideas. Honestamente, qué tanto podía decirnos un taxista que nos impresionara.

“Mucho he aprendido con este libro maravilloso, ‘Una Vida Con Propósito’, de Rick Warran, decía mientras señalaba con sus manos arrugadas, llenas de manchas y un poco sucias, el libro que traía a su lado. Me lo regaló uno de mis pasajeros hace unos meses. Pero el libro que más me ha marcado en la vida es ‘Créalo, Sí Se Puede’, de Alex Dey.” “El éxito en la vida es ser feliz. Caminar con la frente en alto sin que nadie pueda hablar mal de ti. Aprender a darle de comer al hambriento y al necesitado.”

¿Qué?, pensé, ¿de dónde saca todo esto?, ¿a qué hora lee?, ¿tiene tiempo libre?, ¿existirá ese libro (sí existe, ya comprobado)?, ¿por qué se oye tan feliz?

Y continuó: “La fórmula en la vida, son las cinco palabras que empiezan con D. A ver señor, dijo dirigiéndose a mi papá, usted se ve que sabe mucho y que ha conseguido ser un hombre de bien y mantener a su preciosa familia unida. Dígame, ¿cuáles cree que son las cinco D’s de la vida?”

Mi papá por supuesto se quedó estupefacto igual que los demás. Sabíamos muchas fórmulas de la vida (una más tonta que la otra), pero ésta, con tanta especificación, no. Me sentí un poco tonta. Ignorante. Mi papá, que traía cara de sorprendido, trató de contestar con diplomacia y creatividad pero erró.

Entonces empezó, “Numero uno, Dios. Todos los días leo el Salmo 91 en la mañana. La vocación a María, San Pedro y La Magnífica. Dos, Deseo. Todos tienen un deseo. Muchos no lo han realizado, por falta de decisión. Sin decisión eres del montón. Por lo tanto, tres, Decisión. No se trata de tener mucho dinero. Ni de ser el más inteligente. (Pausa) Cuatro, Determinación. Ya no hay excusas, simplemente estar determinado y lograrlo. Peroooo, al que no aplique la última D, se le va el éxito. Cinco y última, Disciplina. Puedes lograr llegar muy lejos, tener todo lo que quieres, y ser inmensamente feliz… pero si no tienes disciplina, todo eso se va. Desaparece.”

Realmente me quedé con la boca abierta (más tonta de lo que ya me sentía al principio). Evidentemente comencé a tomar nota de cada palabra. Hace muchos años que no tomaba nota de nada excepto recetas médicas para mis hijas y una que otra idea loca que escupe mi cerebro de vez en cuando. Pero esto, esto rebasaba cualquier expectativa. ¿Quién es este hombre?, me dije, ¿de dónde saca estas ganas de vivir, de saber, de creer, de enseñar?

Descubrimos entonces que él sólo estudió hasta primero de secundaria, pero que siempre tuvo una enorme necesidad de platicar. Pero para platicar, dijo “se necesita tema”. Entonces, decidió inscribirse a la Universidad de la Vida para ser un Catedrático. ¿La Universidad de la Vida?, ¿le oí bien? Por si las dudas, pregunté “¿cuál es esa universidad?”, a lo que me contestó: “Ésta, la vida que vivimos, es la Universidad más grande e importante que puedes atender. Y yo, mijita, soy uno de los catedráticos.”

Y qué razón tuvo este hombre, en inscribirse, a sus 78 años, a la Universidad de la Vida. Qué razón tuvo en darse cuenta que para ser feliz no se necesita más que estar vivo. Usar la mente. Tener estas 5 fórmulas que le cambian la vida a cualquiera. “Hay que vaciar los bolsillos para alimentar la mente, ya que posteriormente la mente será la que te llene los bolsillos”. Esa fue su última frase antes de llegar al aeropuerto. La última frase que le escuché y que seguramente no podré olvidar.

Un taxista me cambió mi forma de pensar. Porque algunos creen que el rico es más feliz que el pobre. Que no ser un hombre de negocios, bien vestido y con el coche último modelo, pues no puede traer más que frustración e insatisfacción. Entonces estaba ahí, frente a un señor viviendo de sus idas y venidas amarrado al volante, creando conversaciones con sus pasajeros. Dejando semillas en cada una de esas personas, que por azar de la vida, compartían un recorrido con él.

Entendí que hay maestros en todas partes, en todos lados. Algunas escuelas tienen un nombre y un lugar físico; otras, cuando ya eres adulto, van deambulando por las calles. Ese día mi maestro había sido el Sr. Pepe Genchi A., Taxi No. 881. Un señor humilde, de bajos recursos, que se paraba todos los días a las 5 am. para empezar, con ánimos, a trabajar. Nos contaron sus compañeros del aeropuerto que él siempre era el primero en llegar y el último en irse. Que siempre estaba feliz, sonriente, disfrutando de la vida y haciendo que otros la disfrutaran también. Un hombre, un maestro, que te contagia las ganas de vivir.

A partir de aquel día decidí inscribirme en La Universidad de la Vida, y por eso, ahora me tomo la libertad de invitarlos. Invitarlos a ser alumnos y catedráticos a la vez. De entender nuestro papel en la vida, y tratar de sacar el mayor jugo de ella y de los que nos rodean. Intentar dejar semillas en la gente que s mejores personas y más felices. Despertar con una razón de vivir, de ser. No ahogarse en los centavos y a veces querer morir por no tenerlos. Porque este hombre no llega a un palacio con 5 sirvientes y un chofer. Él llega a un muy pequeño hogar, con una mujer que lo espera, y nietos que son el postre de su vida. Llega, entrega lo que ganó ese día, y sigue adelante. Entonces, te suplico, que dejes atrás problemas banales y entiendas que este momento es lo único que nos pertenece, este presente. Bueno o malo, esto es lo que nos toca vivir todos los días. Si puedes y quieres apoyarte en la fe, adelante. Pero sea la que sea, encuentra tu propia fórmula para lograrlo. Para ser exitoso y tener la dicha de compartirlo. De ser, algún día, un maestro para alguien más.

Feliz día del maestro, hoy y siempre, a este, mi taxista y catedrático favorito.

2 Comments

  1. FMT

    Yo tuve la fortuna de conocer a Don Pepe , Pepe Genchi y que al igual que a ti , me dejo con una lección de vida enorme !

    • Debbie Chamlati

      Qué maravilla! Gracias por compartir!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *