Su Primer Amor.


Tu eres el primer amor de tus hijos. Es un hecho. Para tu hija, o hijas, tu eres su primer amor. Para tus niños, hombres, igual, su primer amor.

Yo sé con seguridad, que hoy, yo soy la mujer más especial en la vida de mis dos hijos. Que soy, y seré siempre, SU PRIMER AMOR. Yo soy quien les enseña a dar y recibir amor sin medida. Y esto de “sin medida” tiene una valor enorme. Porque viene de la mano con la comunicación, los límites, las muestras de afecto, el respeto, los secretos, la complicidad, y mucho más.

Nadie quiere un amor que te grita. Un amor que te pega. Un amor que no sabe desbordarse en palabras y gestos para decirte cuanto te ama. Un amor duro, irrespetuoso. Que no sepa guardar secretos y que no sepa tampoco tener conversaciones de todo tipo. Nadie quiere un amor que sea infiel y te desproteja. Un amor que no te ama. Un amor que no sepa tener relaciones sexuales llenas de besos y pasión. Que no sepa tocarte, olerte, sentirte…

Porque los niños absorben todo lo que ven y viven, para bien y para mal. Una niña, que tiene un padre ausente, o rígido e insensible, no sabrá pedir ni dar algo diferente a una pareja en el futuro. O, por otro lado, lo pedirá y lo dará de una manera enferma por la enorme necesidad que tuvo de sentirse amada en la infancia. Entenderá que ella no merece más que lo que su papá le dio, y que entonces un hombre que la desprecie, la infravalore, será un hombre correcto para ella. No sabrá ni siquiera la diferencia entre alguien que realmente la ame, a alguien que no. Igual con un niño que tiene una mamá que nunca está con él. Y no lo digo sólo físicamente porque entiendo que hay madres solteras que tienen que trabajar. Pero aun así, hay formas de estar presente. Hay formas de hacerlo saber que lo amas con locura. Que es la luz de tus ojos. Una madre que no platica con su hijo, que le grita, que no le da espacio para hablar de sus secretos, de sus intimidades…Una madre que le demuestra que él no vale nada. Ni siquiera el amor y tiempo de su propia madre.

Yo sé que soy el primer amor de mis dos hijos y me siento afortunada de serlo. Sé que soy la mujer de sus ojos. La mujer más divertida, chistosa, alegre; una mujer que nunca los desprotegería. Que los considera su prioridad en la vida. Una mujer que ve por sí sola pero nunca dejándolos atrás, perdidos. Sé que me consideran la mejor mamá del mundo y que no me cambiarían por ninguna. Pero no solo por ser mamá, sino por la mujer que soy para ellos.

Hay una cierta delicia inexplicable detrás de un abrazo desbordado a un hijo. De ese acurrucamiento lleno de besos, cosquillas, mordidas, y sonrisas. Ese momento dónde no hay más que amor que va y viene. Es difícil explicarlo pero le da muchas razones a la vida para el agradecer estar vivos. El perderse en los ojos de un hijo. El verlo hacer lo que le gusta, aplaudirlo, impulsarlo, y festejarlo. El decirle una y mil veces que lo amas. Que lo quieres inmensamente. Que lo admiras.

El permitir que tu hijo te peine, te abrace, te de la mano para dormir. El que te pida leerle un cuento, que te haga un dibujo y tu lo tomes como un tesoro. El que sepas que una flor de su parte es igual que un diamante. Y él lo sepa también. Que sepa lo guapo que lo ves, sea o no el más guapo de la escuela. Pero que sepa lo que tu piensas, no lo que piensan los demás. Que te pida que le pintes las uñas de colores y la peines de princesa para ti. Para jugar a casarse contigo, con su primer amor. Que la veas bailar, y te derritas como si fuera el mejor espectáculo.

Todo esto, unos 20 años después, o más, lo tendrá ya en su maleta él, tu niño, para aplicarlo a una mujer que él elija. A alguien con quien te substituirá de una manera enorme. Y entonces, sabrá dar todo lo que tu le diste. Sabrá recibirlo también. Sabrá hacer a esa mujer, la más feliz. Sabrá cortejarla, tocarla, olerla, besarla. Sabrá decirle sin pena que la ama. Que se vuelve loco por ella. Y podrá reírse sin sentirse inseguro. Podrá sentirse guapo y saber que se merece a la mujer que él quiera. Sabrá tener relaciones sexuales sin sentir pena de su cuerpo, o del acto en sí. Sabrá hablar de eso con su mujer y decirle qué le gusta y que no. Sabrá ser su hombre, sólo de ella…al menos por el tiempo en que ambos estén enamorados.

Todo esto, unos 20 años después, o más, lo tendrá ella también en su maleta, tu niña, para aplicarlo a un hombre que elija. A alguien que te substituirá de una manera enorme. Y entonces, sabrá escuchar que es una princesa. Que es una mujer guapa, atractiva y sexy. Sabrá decirle a su pareja que lo ama. Que lo desea. Sabrá buscar un hombre que la enamore con su mente y no sólo su físico. Podrá desnudarse con él sin miedo a que la critiquen y sabrá descubrir con él todo el amor que está abierta a recibir. Sabrá pedir respeto y fidelidad. Sabrá ser su mujer, sólo de él…al menos por el tiempo en que ambos estén enamorados.

Entiendan que como padres tenemos mucha responsabilidad en la vida amorosa y sexual de nuestros hijos. No es solo la relación padre hijo del diario, para educar y ya. Es mucho más. Es todo esto que los hará personas que sepan mañana encontrar a alguien que los valore por muchas razones que tu le haz enseñado. Por muchos atributos que tiene, que tu le recuerdas diario. No sólo por ser bonita o por ser el más guapo de la escuela. Sabrán que valen por su mente, por sus habilidades, sus pensamientos, sus ideas, y mucho más. Pero nadie más se los puede enseñar más que tu.

Tu eres ese y esa que tiene el papel de ser el primer amor de tu hijo/a. Tu le tienes que poner la pauta de qué buscar en el futuro. De qué aceptar y que no aceptar de una pareja. De hacerlos adultos seguros de sí mismos. Amados y dispuestos a amar. Dispuestos a abrir puertas a personas que sepan valorarlos y cerrar puertas a personas que no lo sepan.

No dejes que los días pasen sin darle a esa persona que depende emocionalmente tanto de ti, esas herramientas que lo harán mañana una mejor y más feliz pareja. No dejes que pase ni una noche más sin decirle que la/lo amas con locura, porque es cierto, y porque esa es la gasolina de su vida, hoy y mañana.

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