{"id":575,"date":"2015-06-26T11:28:57","date_gmt":"2015-06-26T16:28:57","guid":{"rendered":"http:\/\/elblogdedebbie.com\/?p=575"},"modified":"2016-04-18T12:50:38","modified_gmt":"2016-04-18T17:50:38","slug":"sobreviviendo-mi-depresion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elblogdedebbie.com\/?p=575","title":{"rendered":"Sobreviviendo Mi Depresi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Era mi primer hijo y siempre hab\u00eda sido muy ni\u00f1era. Pensaba que ser\u00eda una gran madre desde el primer d\u00eda. Desde el primer suspiro. La que amamanta feliz, carga al beb\u00e9 en rebozos modernos y duerme en un hermoso colecho maternal. En aquel momento, supuse que era normal sentirse as\u00ed. As\u00ed de abrumada, de asustada, agotada, irritada&#8230;, as\u00ed de infeliz. Pens\u00e9 que a todas nos suced\u00eda por la falta de sue\u00f1o y la incre\u00edble inexperiencia. S\u00ed, estaba &#8220;enamorada&#8221; de mi beb\u00e9, como todos dicen, pero no sent\u00eda los s\u00edntomas de ese enamoramiento instant\u00e1neo. Sent\u00eda todo lo contrario. Quer\u00eda salir corriendo, desaparecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su llanto me cortaba la respiraci\u00f3n, se me sub\u00eda el est\u00f3mago a la garganta. Al o\u00edrlo, despertaba de mis sue\u00f1os m\u00e1s profundos y mis latidos del coraz\u00f3n se aceleraban. Las ma\u00f1anas, largas y desveladas, parec\u00edan un poco m\u00e1s vivibles y soportables. Hab\u00eda un poco m\u00e1s de organizaci\u00f3n en sus horarios y aunque no me quitaba la pijama, al menos sonre\u00eda. Al menos pod\u00eda admirar a mi beb\u00e9 un peque\u00f1o rato. Ten\u00eda ayuda de mi mam\u00e1, que era lo \u00fanico que me dejaba respirar. El resto de la familia trataba de visitar, pero yo no quer\u00eda ver a nadie. No quer\u00eda sonre\u00edr. No quer\u00eda ser. Las horas pasaban y el reloj se convert\u00eda en mi enemigo. El m\u00e1s malvado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante las noches, largas, negras y fr\u00edas, sent\u00eda enloquecer con un llanto que pod\u00eda deberse a tantas razones que a\u00fan no sab\u00eda descifrar. A veces, sin saber bien qu\u00e9 hac\u00eda, lo acomodaba en mi pecho mientras las l\u00e1grimas escurr\u00edan de mis ojos. Me estaba asfixiando con esta responsabilidad inmensa. &#8220;\u00bfY si tiene m\u00e1s hambre, y si le duele la panza, o tiene popo, o pipi, o fr\u00edo, o sue\u00f1o&#8230;? \u00bfY si quiere estar abrazado de mi?&#8221; Mi mente no paraba. Me acuerdo que me encerraba en mi ba\u00f1o, sola, a sollozar sentada en el piso. Con las rodillas dobladas y mis manos tapando mi cara. Ya no pod\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no era ese miedo aprensivo a que le pasara algo. No, eso no me asustaba. Era una tristeza inmensa. Una nube negra que no sal\u00eda de la casa. No ten\u00eda energ\u00eda para nada. Ba\u00f1arme era un evento especial que requer\u00eda de convencimiento. Ba\u00f1ar al beb\u00e9 era todav\u00eda peor. Esa hora, 7 p.m., se me ca\u00eda el mundo encima. La famosa &#8220;hora del ba\u00f1o&#8221;. Toda la supuesta estabilidad del d\u00eda, desaparec\u00eda. Sab\u00eda que ven\u00eda la noche. Las horas de no dormir y las pocas horas de saber que pronto me despertar\u00eda otra vez. Esa hora en la que el sol se met\u00eda, que mi mam\u00e1 se iba y nos qued\u00e1bamos solos, mi esposo y yo, con este beb\u00e9 que era nuestro. Esa hora sent\u00eda que me mor\u00eda. El reloj empezaba a burlarse de mi contando los minutos y viendo como mi angustia s\u00f3lo crec\u00eda y crec\u00eda hasta enredarse con las ventanas y las puertas de la casa. Estaba encerrada ah\u00ed, en esa maternidad enloquecedora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada d\u00eda se complicaba todo m\u00e1s. Tantas expectativas de ser madre y definitivamente no era nada como la realidad esperada. Esa cruda y triste realidad de haber perdido mi vida. Mi libertad. Mis horas de dormir. Me acuerdo que pensaba &#8220;Nunca m\u00e1s podr\u00e9 llegar a la casa, aventar mi bolsa en el sill\u00f3n y tirarme a ver la tele tranquila, sin preocupaciones.&#8221; Pensaba que la Debbie de pocos d\u00edas atr\u00e1s, hab\u00eda desaparecido. Se hab\u00eda quedado en el hospital. En esos minutos antes del llanto del beb\u00e9 que lleg\u00f3 a la vida para convertirme en madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pasaban los meses. El crec\u00eda, yo tambi\u00e9n, supongo. Me desviv\u00eda por evitar su llanto. Por verlo feliz a toda costa. Por tenerle la mamila lista antes de que \u00e9l la pidiera. El pa\u00f1al seco antes de que se mojara. La comida lista para prevenir hambre. Todo sumamente &#8220;perfecto&#8221; para evitar cualquier problema. Cualquier suspiro fuera de lugar. Ese llanto atormentante y amenazador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me di cuenta que a las 3 semanas, yo respiraba mejor. A los 3 meses, ya me pod\u00eda mover sin sufrir tanto. A los 6 meses parec\u00eda una mam\u00e1 m\u00e1s feliz y normal. Al a\u00f1o, mi mejor amigo y yo, ya nos entend\u00edamos. A\u00f1o y medio&#8230; recuerdos, tantas sonrisas y carcajadas que aplacaban un poco mi inestabilidad. Durante todos esos meses anteriores, de cada d\u00eda, cada minuto, sent\u00ed que me arrastraba. S\u00f3lo sobreviv\u00eda sin saber que lo estaba haciendo. Sin saber que el trabajo que me costaba todo era anormal. Que esa angustia por tener que preparar la pa\u00f1alera, lavar mamilas, tener todo listo&#8230; era <strong>anormal<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un poco despu\u00e9s del a\u00f1o y medio fue cuando toqu\u00e9 fondo. Empec\u00e9 con mareos. Platicando con la gente, tratando de poner atenci\u00f3n a conversaciones que no me interesaban, me empezaba a marear. &#8220;\u00bfQu\u00e9 me pasa? \u00a1Conc\u00e9ntrate Debbie!&#8221;, pensaba. Me pas\u00f3 muchas veces, hasta que de pronto me sucedi\u00f3 manejando, con mi ni\u00f1o en el coche. No entend\u00eda ni en qu\u00e9 calle iba. Perd\u00ed noci\u00f3n del tiempo, del momento. Mis ojos me abandonaron y todo se ve\u00eda borroso. Fren\u00e9 en cuanto pude y me puse a respirar. Asustada. Muy asustada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00ed, algo no andaba bien. Nada bien. Por fin, una noche en una cena, poco a poco me fui abriendo y le cont\u00e9 todo a mi cu\u00f1ado. Fue \u00e9l qui\u00e9n me dijo &#8220;No est\u00e1s bien Debbie, eso es ansiedad. Necesitas ir al psiquiatra.&#8221; \u00bfAl psiquiatra? \u00bfYo? S\u00ed hab\u00eda ido al psic\u00f3logo una que otra vez, pero nada serio. \u00bfEn realidad necesitaba ayuda? Ya hab\u00eda escuchado de algunas amigas que mis angustias no eran normales. Se re\u00edan pero a mi me parec\u00eda todo tan l\u00f3gico. Un viaje me era imposible coordinarlo s\u00f3lo de saber que ten\u00eda que empacar y llevarme al beb\u00e9. Al beb\u00e9 que ya no era un beb\u00e9. Todo era complicado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces fui al psiquiatra. Entonces, por fin, ped\u00ed ayuda para un problema que no sab\u00eda que ten\u00eda. Y ah\u00ed, ese d\u00eda, sentada en el consultorio sobre una silla de madera clara, frente al escritorio que separaba al experto de esta gran inexperta, entend\u00ed que estaba enferma. Ese d\u00eda, mientras le describ\u00eda al doctor mi terrible existencia, mis dolores, mis tristezas, mis ansiedades&#8230;, sent\u00eda que los ojos se me empapaban de l\u00e1grimas infinitas. Ese d\u00eda me enter\u00e9 que llevaba m\u00e1s de un a\u00f1o y medio sufriendo de una enfermedad que se llama <strong>Depresi\u00f3n Post Parto<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Claro que hab\u00eda o\u00eddo de los &#8220;baby blues&#8221;. De la &#8220;depre&#8221; que da cuando tienes un beb\u00e9. Pero no, lo que yo ten\u00eda no era eso. No era una cosa de dos d\u00edas. No era algo pasajero, sino todo lo contrario. Hab\u00eda llegado para quedarse. Para expandirse e invadirme toda. Mi mente, mi cuerpo, mi coraz\u00f3n. Para hacerme su esclava y arrancarme, d\u00eda a d\u00eda, las ganas de vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces llegaron las recetas, los antidepresivos, los ansiol\u00edticos y \u201cantimigra\u00f1as\u201d. Un desfile de medicinas que entraban por mi cuerpo para probar si hac\u00edan alguna diferencia. Efectos secundarios se activaban uno por uno. Manos acalambradas, dolores de cabeza, sue\u00f1o. Por consiguiente, cambio de medicinas. Cambio de doctor. Viajes, idas, venidas, noches y despertares. As\u00ed por un tiempo, en lo que fui entendi\u00e9ndome. Pero este proceso m\u00e9dico de acoplarme y sentirme viva tard\u00f3 m\u00e1s de 6 meses. No me sent\u00ed bien de un d\u00eda para el otro. No me &#8220;cur\u00e9&#8221; tan r\u00e1pido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero lleg\u00f3 el d\u00eda. Finalmente, lleg\u00f3 el d\u00eda en que pude, por primera vez, disfrutar. Me acuerdo que estaba en un centro comercial, con mi ni\u00f1o que ahora ten\u00eda 2 a\u00f1os, en el carrito de s\u00faper, paseando por todos los pisos. Y de pronto sent\u00ed una enorme paz. Enorme PAZ. Esa palabra llevaba mucho tiempo que no exist\u00eda en mi. Ya me hab\u00eda olvidado que era parte de nuestro vocabulario. Sent\u00ed que pod\u00eda respirar. Pod\u00eda oler. Pod\u00eda ver. Nadie me estaba apresurando. Yo no me estaba apresurando. Sent\u00ed un viento delicioso de tranquilidad. Lo vi, frente a mi sonriendo, disfrutando de la vida que yo le di. Sent\u00ed, por primera vez en mucho tiempo, felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Empec\u00e9 a tratar de comprenderme. De descifrar mi enfermedad. Me volv\u00ed adicta a los libros y la lectura informativa. Algunos sobre la infancia, otros sobre m\u00ed. La depresi\u00f3n se volvi\u00f3 un tema importante. Y fui descubriendo que no era la \u00fanica que hab\u00eda sufrido de esto. Fui compartiendo mi historia en peque\u00f1as pl\u00e1ticas casuales. Muchas se sorprend\u00edan, otras se asustaban. Nadie quer\u00eda que le pasara algo as\u00ed. Evidentemente no ten\u00eda por qu\u00e9 pasarles. La que estaba mal era yo, no ellas. Por fin lo entend\u00ed. Mi mente necesitaba que la escuchara. Que le diera su espacio. Que la medicara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta semana cumplo 8 a\u00f1os de haber dado a luz a ese primer y hermoso ser que traje al mundo. Al milagro que me convirti\u00f3 en mam\u00e1. A mis 35 a\u00f1os y con dos hijos, he entendido que la mente es una parte primordial de mi cuerpo y que no la puedo ignorar. Que nos maneja; nos sube y nos baja como ella va mandando. Entend\u00ed que no tengo que ver la herida para aceptar que estoy lastimada. Que la enfermedad de la mente es tan valiosa como la de cualquier otra parte del cuerpo. Que no se llama locura. Se llama, existencia. Yo existo hoy, feliz, porque me trat\u00e9. Porque acept\u00e9 que me enferm\u00e9, y que necesitaba ayuda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy te puedo contar que la depresi\u00f3n post parto es una enfermedad muy dura. Una enfermedad que lastima a todos los que te rodean. Mi esposo tuvo que lidiar con muchos brotes de angustia. Mucha par\u00e1lisis que no me dejaba avanzar. Obsesiones y perfecciones que no eran opcionales. Mi hijo tuvo que sobrevivir, a su manera, a una mam\u00e1 depresiva. Que trataba de ocultarlo. Que fing\u00eda ser feliz. Pero que en el fondo, estaba casi muerta. Y aun as\u00ed, se ancl\u00f3 a mi para salir adelante \u00e9l tambi\u00e9n. Y fuimos creciendo juntos. Sacando adelante esta enfermedad y sus efectos. Sus consecuencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La depresi\u00f3n no es un examen que pasas o repruebas. Es un sentimiento que te va persiguiendo. Aparece de un d\u00eda a otro, y se queda ah\u00ed, llorando contigo. Es una rivalidad constante en tu mente entre todas tus emociones. Donde rige la tristeza. La incapacidad de ver m\u00e1s all\u00e1 de lo que sientes. No importa qu\u00e9 tan hermosa es tu vida. Qu\u00e9 tan divino est\u00e1 ese beb\u00e9 que acabas de traer al mundo. La depresi\u00f3n es totalmente ciega. Y yo creo, por experiencia, que s\u00f3lo con la ayuda de un experto, puedes abrir los ojos. S\u00f3lo as\u00ed puedes volver a respirar. Volver a ser t\u00fa misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos creemos que tenemos control de nuestra mente hasta que algo enorme nos sucede en la vida, que nos desprograma. Nos alborota. Y s\u00ed, debemos pedir ayuda. Pero tenemos tambi\u00e9n que ser fuertes. Que luchar. Tender nuestra mano a quienes pasan por el mismo sufrimiento. Compartir para crear una cadena de ayuda y de desarrollo. Hoy comparto mi historia para tratar de ayudar a mujeres que han pasado (o est\u00e1n pasando) por lo mismo que yo. Que sepan que no est\u00e1n solas. Que no est\u00e1n locas. Que somos muchas las que lo hemos vivido y m\u00e1s que nada, que es posible salir adelante. Porque ese es el principal proyecto de vida que tenemos, ser felices. Yo no sab\u00eda que pod\u00eda llegar a ser tan infeliz. Pero tampoco sab\u00eda, como lo s\u00e9 ahora, que podr\u00eda llegar a ser tan feliz otra vez. Que podr\u00eda llegar a ser, la mam\u00e1 que soy.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era mi primer hijo y siempre hab\u00eda sido muy ni\u00f1era. Pensaba que ser\u00eda una gran madre desde el primer d\u00eda. Desde el primer suspiro. La que amamanta feliz, carga al beb\u00e9 en rebozos modernos y duerme en un hermoso colecho maternal. En aquel momento, supuse que era normal sentirse as\u00ed. 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