{"id":544,"date":"2015-06-05T10:39:52","date_gmt":"2015-06-05T15:39:52","guid":{"rendered":"http:\/\/elblogdedebbie.com\/?p=544"},"modified":"2016-04-18T12:59:53","modified_gmt":"2016-04-18T17:59:53","slug":"soy-la-muchacha-prisionera-del-hogar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elblogdedebbie.com\/?p=544","title":{"rendered":"Soy &#8220;La Muchacha&#8221;, Prisionera Del Hogar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">S\u00ed tengo nombre, pero casi nunca lo usan. Siempre soy &#8220;la muchacha&#8221;, &#8220;la chacha&#8221;, &#8220;la sirvienta&#8221;, &#8220;la dom\u00e9stica&#8221;, &#8220;la rancha\u201d (que viene de ranchera y chacha), &#8220;la gata&#8221; y si me va muy bien, &#8220;la nana&#8221;, el cual ya es muy elegante. Como si diera igual qui\u00e9n soy. Como si no tuviera identidad, personalidad o hasta un f\u00edsico propio. Hay se\u00f1ores abusivos que me han dicho &#8220;princesa&#8221;, &#8220;nena&#8221;, &#8220;reina&#8221;. Por suerte nunca han abusado de mi, s\u00f3lo verbalmente. A veces, si por fin deciden decirme por mi nombre, resulta que me lo acaban cambiando, y por pena, no lo corrijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estoy en un trabajo donde, a diferencia de muchos otros, no tengo prestaciones, ni seguro m\u00e9dico. Hablar de liquidaci\u00f3n ya es un lujo que s\u00f3lo algunas llegan a percibir. Para los &#8220;patrones&#8221; es mucho m\u00e1s f\u00e1cil acusarnos por alguna tonter\u00eda para as\u00ed defenderse y que nosotras perdamos nuestro derecho. Como si lo pidi\u00e9ramos por abusivas. Como si tuvi\u00e9ramos cuentas de bancos con dinerales ahorrados. Si supieran el tiempo que nos toma ahorrar unos cuantos pesos y lo r\u00e1pido que desaparecen de nuestras manos por ayudar a la familia. Por a\u00f1os hemos dejado de estar con nuestras familias por estar con las suyas; con ellos, con sus hijos y con sus amigos. A la hora de la despedida, nada de eso importa. Nos volvemos, otra vez, unas extra\u00f1as de la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo tengo 2 hijos, uno de 9 y otro de 8. Viven de lo que yo les puedo dar, aunque afortunadamente tengo el apoyo de la casa de sus abuelos paternos. Mi ex pareja, padre de mis hijos, nunca ha visto por ellos. Ni un solo centavo. Hoy por hoy, cuento con un sueldo de $7,000 pesos mensuales. Con eso pago escuela, manutenci\u00f3n, ropa, medicinas, doctores, gas, luz, regalos, material escolar, uniformes y pasajes, entre otras cosas. Cada 15 d\u00edas me toca ir a verlos. Hago dos horas de camino, y al llegar, me encuentro con tareas del hogar. Hago el cuarto de los ni\u00f1os, lavo montones de ropa a mano, aprovecho un poco de tiempo con ellos para hacer tareas, y de pronto, ya me toca regresar al trabajo. Me toca volver a despedirme de mis hijos para ir a cuidar ni\u00f1os que no son m\u00edos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De las cosas m\u00e1s horribles que tenemos que pasar siendo &#8220;muchachas&#8221;, es la cuesti\u00f3n alimenticia en las diferentes casas a las que llegamos. Algunos son religiosos, otros racistas, codos, groseros, o d\u00e9spotas. Es muy rara la casa a la que puedas llegar, ser recibida amablemente, y te den a entender que esa casa es ahora tu casa. Con los religiosos tenemos que convertirnos en religiosas. Comer igual que ellos. Igual pero no lo mismo. Algunos tienen el congelador dividido porque la pechuga de pollo barata es para nosotras &#8220;las sirvientas&#8221; y la cara, obviamente para ellos. La verdad eso no me importa mucho. Finalmente esas cosas son tonter\u00edas para mi. La comida es comida, sea cara o no. Y cuando uno viene de lugares d\u00f3nde hay poca comida, pues una pechuga de pollo nos parece una gran opci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre he sentido muy feo cuando lo primero que me especifican es que nosotras &#8220;las chachas&#8221; tenemos cubiertos y vajilla diferente. Nuestra boca no puede tocar ning\u00fan objeto que vaya a tocar la suya. Aunque la lavemos con cloro y lo desinfectemos. Como si fu\u00e9ramos animales infecciosos. Como si por tocarlo o beber de ello, los contagi\u00e1ramos de nuestra pobreza; de nuestros colores, nuestra forma de ser y de donde venimos. Muchos cierran las despensas de comida con llave para que solo agarremos lo que est\u00e1 a la mano. Supongo que creen que todas somos rateras por ser de clase social baja. S\u00ed, efectivamente quisi\u00e9ramos tener alacenas as\u00ed de llenas y surtidas en nuestros humildes hogares, pero no por eso vamos a robar. Otros te entregan tu plato a la hora de comer ya servido, y postre&#8230; eso no nos toca. En algunas casas hay l\u00edmite de hora para agarrar comida o usar el microondas. Debemos estar siempre al pendiente de lo que ellos necesitan, sea la hora que sea&#8230; pero si nosotros tenemos alguna necesidad, eso no importa. Si tenemos sed o hambre m\u00e1s tarde, nos tenemos que aguantar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo cuido hijos ajenos como si fueran los m\u00edos. No creo ser desechable, pero para ellos s\u00ed lo soy. Dedico mi tiempo en entretenerlos, lavarlos, vestirlos y hasta educarlos. Los escucho m\u00e1s que su propia madre. Me despierto temprano para tenerlos listos para la escuela mientras sus padres duermen. Los entrego en el cami\u00f3n y regreso a hacer la casa. En las noches, mientras los patrones van a cenar, yo les cuido el sue\u00f1o y los abrazo en sus pesadillas. He tenido ni\u00f1os que dejan de preguntar por su mam\u00e1 y se hacen a la idea que la &#8220;nueva mam\u00e1&#8221; soy yo. La se\u00f1ora se hace fantas\u00edas de que es una mam\u00e1 presente por hablar y preguntar por ellos, pero la realidad es que nunca est\u00e1n. Las que siempre estamos, siempre, somos nosotras. Y aun as\u00ed, nunca somos indispensables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los ni\u00f1os los ense\u00f1an y les permiten ser groseros. Faltarnos el respeto. Nosotras obviamente tenemos prohibido contestarles. Nos digan o nos hagan lo que sea, no podemos acusarlos. Entre nuestra palabra y la de los ni\u00f1os, siempre gana la de ellos. Aun cuando los pap\u00e1s est\u00e1n presentes, fingen demencia mientras escuchan claramente las groser\u00edas. &#8220;Eres una tonta y no sabes hacer nada&#8221;, &#8220;Vete a tu pueblo&#8221;, &#8220;Esta es mi casa y yo mando&#8221;, &#8220;P\u00e1same lo que te ped\u00ed o te pego&#8221;. Est\u00e1n acostumbrados a gritar nuestros nombres o apodos despectivos aunque est\u00e9n a 5 metros de distancia. &#8220;Nanaaaaaaaaaaaaaaaaaa quiero leche&#8221;. Ellos nunca se paran para ir a pedirnos las cosas sin gritar. Y lo peor de todo es que los pap\u00e1s hacen exactamente lo mismo. De tal palo, tal astilla. No importa la hora, ni lo que estemos haciendo en ese momento. A veces nos agarran lavando platos o picando cebolla&#8230; pero nada de eso importa. Si al instante necesitan algo, hay que aparecerse frente a ellos r\u00e1pido, limpias y sonrientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay d\u00edas que empiezan a las 6 de la ma\u00f1ana y terminan a las 10 de la noche. Realmente agotadores. Son 16 horas continuas de trabajo. De recoger todo lo que ellos tiran si pensar en que yo soy la que se agacha cien veces a levantar todo. Las toallas mojadas y la ropa sucia del piso, los juguetes, los platos sucios por toda la casa, y los 10 cambios de ropa que deja la se\u00f1ora tirados en el cl\u00f3set. Pero eso s\u00ed, si nos tardamos mucho en comer, nos reclaman. Si prendemos la tele para entretenernos, nos reclaman. Si agarramos el celular para tratar de no sentirnos tan lejos de nuestra familia, nos reclaman. Y si nos atrevemos a tomar un peque\u00f1o descanso en esas 16 horas, nos pueden hasta correr. Todo el esfuerzo del d\u00eda, y a veces tambi\u00e9n de noche, se convierte en nada. Te tachan de &#8220;floja y abusiva&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Claro que hay lavadora y secadora en estas casas. Pero aun as\u00ed, me siguen pidiendo que lave mucha de la ropa a mano. Me tardo mucho pero a nadie le importa. A veces mis manos, entre el calor de la plancha, la lavada de ropa, el cloro de los platos y el calor del sart\u00e9n caliente, se enferman. Se envejecen. Duelen. Se vuelven \u00e1speras, duras y con un olor impregnado a qu\u00edmicos. Si nos atrevemos a lavar ropa nuestra en la lavadora, nos va muy mal. Pero aun peor, si mezclamos nuestra ropa con la de los se\u00f1ores, entonces s\u00ed, nos mandan de regreso al pueblo. Nuestros trapos sucios se lavan a mano y nunca junto con los de los patrones. Incre\u00edble que hasta con la ropa les da miedo que se rocen con nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He llegado a escuchar &#8220;Esta demasiado bueno el postre, gu\u00e1rdalo para otro d\u00eda. Es una pena que se lo coman las muchachas.&#8221; Ese d\u00eda me dieron ganas de llorar. No por el postre, sino porque yo era tan poca cosa que si yo me lo com\u00eda, era igual que tirarlo a la basura. Era un desperdicio. Y aun as\u00ed, sabiendo eso, escuchando eso, hab\u00eda que seguir con buena cara. &#8220;M\u00e1s vale una sonrisa fingida, que una jeta natural&#8221;, ese es mi lema. Incluso cuando escucho que hablan en ingl\u00e9s para que yo no entienda lo que dicen, debo de sonre\u00edr y fingir demencia. Porque no se vale ser, no hay esa libertad. Esta en riesgo tu trabajo, tu sueldo, el bienestar de tu familiar, y mucho m\u00e1s. Pero no ser libre casi 25 d\u00edas al mes, es una tortura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi rec\u00e1mara mide un tercio del cuarto de mis patrones. Dentro de \u00e9ste se encuentran las literas, el mueble para ropa y el ba\u00f1o. No tiene ventanas. Tratamos, entre mi compa\u00f1era y yo, de tenerlo lo m\u00e1s limpio posible. Aun as\u00ed, cuando pasan por ah\u00ed mis jefes, veo como dejan de respirar o se tapan la nariz. Supongo que olemos mal. No lo s\u00e9. Hay trabajos en los que tenemos que gastar en nuestro propio papel de ba\u00f1o, shampoo, enjuague, jab\u00f3n, kleenex, etc. A algunas no las dejan ba\u00f1arse diario porque consumen gas y agua. Otras deben ba\u00f1arse diario pero a cierta hora del d\u00eda para usar el mismo gas que el resto de la familia. Si se nos funde un foco, pueden pasar d\u00edas o semanas en lo que nos lo arreglan. Si tenemos fr\u00edo en la noche, no hay m\u00e1s colchas para nosotros. Si el colch\u00f3n es viejo y duele, aunque nos lastime la espalda, eso es lo que nos toc\u00f3, y ni modo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La frase que m\u00e1s me molesta es cuando nos dicen &#8220;tu eres como de la familia&#8221;. \u00bfQu\u00e9 quiere decir eso&#8230; ? \u00bfSoy o no soy? A veces me siento de la familia porque estoy m\u00e1s presente con los ni\u00f1os que nadie. M\u00e1s que los abuelos, que los t\u00edos, que los primos&#8230; inclusive m\u00e1s presente que sus padres. Pero no me dicen &#8220;tu eres de la familia&#8221;, me dicen &#8220;eres COMO de la familia&#8221;. Y me queda claro, que el d\u00eda que decida dejar este trabajo, dejo de ser de la familia. Desaparezco. No hay fotos conmigo. Se borran los recuerdos y de manera instant\u00e1nea, aparece un remplazo. Y yo me pregunto \u00bftodos esos a\u00f1os dedicados a esta familia, a esta casa que gracias a m\u00ed se ve como un hogar, d\u00f3nde quedan? \u00bftodo ese cari\u00f1o que me tienen los ni\u00f1os, los besos que me da el chiquito, y las risas que compartimos juntos, a d\u00f3nde quedan?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy tengo la suerte de que me escuches. La posibilidad de pedirte que no cierres los ojos y finjas que nada de esto pasa. S\u00ed pasa. Nos pasa a miles de mujeres todos los d\u00edas. Y sin af\u00e1n de darte l\u00e1stima, espero que mi historia te haga reflexionar y que puedas entenderme. Que valores mi trabajo, Que te acuerdes que tengo un nombre y apellido y que al igual que tu, me gustar\u00eda ser feliz, sentirme orgullosa de quien soy, y mas importante a\u00fan, que mis hijos se sientan orgullosos de mi. Esto, sin duda, me ayudar\u00e1 enormemente. Pero en el camino, este cambio te har\u00e1 mejor persona a ti tambi\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8212;&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este art\u00edculo lo escrib\u00ed junto con dos maravillosas mujeres. Dos columnas de mi hogar y grandes amigas. Mis dos &#8220;manos derechas&#8221; y sin duda, las personas que m\u00e1s me ayudan en mi vida d\u00eda a d\u00eda. Les estar\u00e9 siempre agradecida por el amor que le tienen a mis hijos, por la dedicaci\u00f3n que le tienen a mi hogar, y la enorme fidelidad y cari\u00f1o que me tienen a mi. Gracias Vivi y Deisy. Gracias por regalarme sus historias, sus recuerdos, sus frustraciones y sus sue\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Colaboradoras en este art\u00edculo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Viviana Gil Espinoza<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Deisy Vilchis Arteaga<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00ed tengo nombre, pero casi nunca lo usan. Siempre soy &#8220;la muchacha&#8221;, &#8220;la chacha&#8221;, &#8220;la sirvienta&#8221;, &#8220;la dom\u00e9stica&#8221;, &#8220;la rancha\u201d (que viene de ranchera y chacha), &#8220;la gata&#8221; y si me va muy bien, &#8220;la nana&#8221;, el cual ya es muy elegante. Como si diera igual qui\u00e9n soy. 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