Adictos A Los Emojis

Emojis

A media fiesta de puras mujeres, se para la festejada para decir unas palabras a cada una de nosotras. Entre risas y bromas, una amiga dice: “¿Cuánto darías por tener emojis impresos para poder dar tu speech?”. Algunas se rieron, otras ni escucharon. Pero a mi, me pareció fabulosa la idea. Increíble. Y es que es real, que ya estamos tan acostumbrados a la comunicación virtual e informal, que vivimos transmitiendo sentimientos con gestos ilustrados a la medida de nuestras emociones. A veces “decimos” más de lo que realmente sentimos, pero no importa, considerando que es mensajito, todo se vale.

Tienes el celular en una mano, mientras con la otra agarras tu té caliente. Recibes un recado, dejas el té, y lo checas. Tu amiga te escribe “que tal este video, me maté de la risa risa” …lo ves, y no te saca ni media risa, pero escribes “jajajaja buenísimoaplauzosaplauzosaplauzosaplauzos , no me paro de reir “. Total que ella no te puede ver y no sabe que estás más seria que antes de ver el video.

Después tu mamá te escribe “estuvo horrible sorpendido-manos “. Y tu le contestas “ya séllorando2llorando2” (Obvio no estás llorando en realidad). Tu mamá contesta “beso-corazon a mis niñosporfaspor-favor “. Y terminas la conversación con un “guiño gracias “.

Más tarde, tu esposo…”Qué onda, ¿me extrañaspuño?”, y contestas “ojos-corazones“, y te dice “llego tardelágrima “, y le escribes “ojos-sorprendidosenojo???” y pone “chamba, sorry beso-corazon“, y contestas “manita-arriba

¡LISTO!

Y así, unas cuarenta veces al día. Con la secretaria, la amiga, la vecina, el socio, la nana, el cliente, tu hermano, etc. Hablar por teléfono ya es un lujo que solo algunos reciben y dan. Ahora creemos que podemos tener relaciones enteras por chat. Conocernos perfectamente con emojis que digan cuando estamos enojados, contentos, tristes, sorprendidos, etc.

Entonces esta idea se me hizo maravillosa. Imagínate que todos tendríamos unas pequeñas tarjetas con emojis impresos. Así, en conversaciones personales que no puedes evitar (porque finalmente seguimos teniendo que socializar fuera del celular), te apoyas de éstas para transmitir una idea más clara de lo que sientes (o debes estar sintiendo).

Estarías en la cena con amigas y dices, “les tengo que contar algo… (y sacas tu emoji de mano-1), pero no le pueden contar a nadie”. Ellas contestan “obvioooo (sacando su emoji mano-2)”. “Ok, pues estoy embarazadaaaaaa (con tu emoji mano-3) y son gemelos… (sacas tarjetamano-4 )” Y todas gritan “nooooooo” y sacan sus tarjetas al mismo tiempomano-grande .

Obviamente esto es una ironía, pero sí es una realidad que el cambio de comunicación que hemos tenido con los chats es enorme. Una vida virtual “acercando a los lejanos, alejando a los cercanos.” He oído esa frase un millón de veces. Y sí, es cierta, pero ya estamos totalmente perdidos y adictos a este mundo. Ya no hay forma de dejarlo. Lo que sí podemos hacer, es entender que eso no debe suplir las relaciones físicas. Sigue siendo más valioso un beso real, donde puedas abrazar, oler y decir “te quiero” al mismo tiempo. Sigue siendo más valioso una tarde entre dos amigas donde puedan llorar y agarrarse la mano sin tener que poner dibujitos en un chat. Mientras tanto, seguiremos divirtiéndonos con estos gestos que supuestamente representan lo que vamos sintiendo. Mientras tanto, también, seguiremos perdidos en estas olas tecnológicas que cada vez nos llevan más y más lejos.

*Fotografía de Emoji Keyboard de People.com

¡Busca La Niña!

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“¿Y, ya quieres tener otro?” “¿Ya pa´cuando el que sigue?” “Ándale de una vez todos seguiditos.” “¿Te vas a esperar otra vez 5 años?” “¿No te urge acabar con los pañales?” “¡Busca la niña!” Ese último es mi favorito. Muy cordialmente sonrío, y en mis adentros pienso, “¿Dónde la buscooooo?”

A veces pienso que es una cuestión de magia. Un “COMPLO” pues. Madres “alegres” contra mi rotundo negativismo reproductivo. Las veo acercarse con ese don fraternal y empiezo a respirar. Sé que vienen con la pregunta en la punta de la lengua. No sé si es porque me ven tranquila. Porque me ven feliz. Tal vez piensan “ésta ya me chocó con su look relajado, ahí le voy.” Y sin vergüenza, se dejan venir.

Ok, tomo aire, “breath in, breath out”, y sonrío. (Yo sonrío mucho, es un método infalible). Abro todo mi sistema receptivo para darle oportunidad al monólogo que está por darse a cabo. Escucho, escucho, escucho y escucho. Todos (hasta yo), pensamos que nuestros consejos son valiosos. Muy valiosos. Y yo, “tan educada”, he aprendido a escucharlos todos. Algunos me mortifican, claro. Vienen con todo el paquete de bombardeo que se queda a vivir en mi mente. Vueltas y vueltas. Pero hay otros que de verdad, entran, pasan por el filtro, y salen. Salen para siempre.

Es como tener un pequeño basurero como el de la computadora, listo para recibir información. Poco se queda en mi escritorio, el resto, “TRASH”. Así de sencillo. Y no es nada personal. Y nadie sabrá cual me quedo y cual se tira. Yo también tengo mi propio “COMPLO”.

Aconsejo siempre, ser de las que no opina. O al menos, dejar la opinión abierta: “Yo soy de la idea de…, pero lo que te haga feliz es lo importante.” Al final, la gente lo que necesita es alguien que los escuche. Al menos yo. Prefiero eso a recibir una y otra vez el mismo mito. El mismo “consejo”. Porque no falta la que deja muy claro su opinión y de paso, te da un pequeño golpe en el estómago, corazón, alma o mente. Un madrazo. “Yo no le haría eso a mis hijos… pero cada quién.” “Me parece que te estás dañando a ti misma, ya no lo pienses tanto y ten otro.” “¿Cómo puedes dejar tu vida pasar así?” “Estás por cometer el peor error de tu vida.” ¿QUEEEEE?

Total que así vivimos, con gente que nos va pisando los talones. ¿Por qué? Todavía no lo tengo muy claro. Probablemente es gente chismosa, aburrida. No sé. Pocos son los que verdaderamente te quieren ayudar. Primero es “¿Para cuando la boda?”, luego “¿para cuando el hijo?”, después “¿para cuando el siguiente bebé?”… y así repetitivamente hasta que tienes 4 hijos casados, 10 nietos y 15 bisnietos, y lo único que queda es que te pregunten “¿Y para cuando te nos mueres?”. Nunca paran.

Ayer escuché en la tele una pequeña historia que me gustó mucho. Va así: Estaba una vez un niño, un señor y un burro. De pronto pasaron unas personas y vieron al señor encima del burro y el niño caminando, y dijeron “Qué mala persona, ¿cómo puede dejar al niño caminando y subirse él al burro? Pobre niño”. Luego otros pasaron y vieron al niño en el burro y al señor caminando y dijeron: “Qué malo niño, ¿cómo puede dejar al señor caminando y subirse él al burro? Pobre señor”. Después otras personas pasaron y vieron al niño y al señor sobre el burro y dijeron: “Qué malos, ¿cómo pueden ir los dos sobre el burro? Pobre burro”. ¡GENIAL! Finalmente nunca vas a hacer feliz a todo el mundo, hagas lo que hagas. Así que a vivir feliz, a tu ritmo y sin presiones. Disfruta el camino, eso es lo que importa.

Negociando Calorías Emocionales

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Es un concepto muy interesante que nos pasa a todos. Al gordo y al flaco. Al que está a dieta, al que sólo “se cuida”, y al que come lo que quiere. 

Nuestra mente manipuladora nos hace creer, fielmente, que el cuerpo entiende de emociones y situaciones especiales para decidir si procesa o no calorías ingeridas en situaciones especiales.

Es sencillo y hay muchos ejemplos al respecto.

Vamos a suponer que tu vuelo fue a las 7:00 am, y entre las carreras y todo, no desayunas bien. Te da la 1 pm y te estás muriendo de hambre. Tienes enfrente de ti el mini bar del hotel con un chocolate milky way volteándote a ver. Sabes que puedes esperar 5 min. más y bajar a un restaurante y comer sano, peroooooo TE PERMITES EL CHOCOLATE. Tu te lo permites porque sientes que te lo mereces. No tiene nada que ver con que te lo compraras en la calle, eso sí sería gula.  Porque el hambre es tan fuerte, que el cuerpo va a entender el que te comas esas calorías. Que no lo haces por inconsciente, lo haces por hambre. Y lo va a entender tanto, que va a ignorar el incidente para que no engordes.

Igual en esos momentos de ansiedad. Estás en el hospital con los nervios de punta. No sale el doctor, no sabes que pasa. Volteas y está la maquinita de “snacks”. Las Donitas Bimbo te sonríen y caes. No es hambre, es ansiedad. Es angustia. Y las compras. Porque necesitas esas Donitas. Es como un abrazo. Tu cuerpo lo NECESITA emocionalmente. Y es ahí dónde pensamos, que esas Donitas, esas únicamente, no nos van a engordar. El cuerpo va a entender la situación. Estás en un hospital, no puedes estar más estresado y te mereces esas Donas. Lo mínimo que puede hacer el cuerpo por ti es ignorar esas calorías.

Pastel de cumpleaños porque la tía cumple 75. Un pastel de verdad impresionante. Nutella escurriendo de los lados. Un olor a chocolate aferrante. Y pues claro, lo parten, le cantan, y reparten ese “pequeño” pedazo de gloria. PUES NI MODO QUE NO TE LO COMAS. Es el cumpleaños de la tía. Te esta viendo y sería mala onda dejarlo. Es como tu regalo hacia ella, comerte SU PASTEL. Y entonces, el cuerpo lo va a entender. No es gula, ni es que no querías cuidarte. Fue una obligación. Y el cuerpo lo tiene que entender. Y muy seguros nos saboreamos el pastel contentos porque esas calorías, el cuerpo hoy, no las va a contar.

¡Qué brutos somos! Y de verdad por eso hay muchos problemas de gordura. De vez en cuando, un apapacho irracional no tiene importancia, pero de estos ejemplos hay miles. El que está atorado en la oficina y de plano pide la torta de cochinita pibil…pues pobre, esta agotado de tanta chamba. La que lleva bailando y chupando toda la noche y cuando llegan los chilaquiles le da sin verguenza alguna. Pues si, es entendible, ya es tarde y tiene hambre. Aparte borracha no se da cuenta cuanto come. Cuerpo, entiéndela.

Mi ejemplo favorito, es la embarazada. Esa sí, se suelta feliz porque “come por dos”. El cuerpo entiende. Hay que comer y comer y comer y rendirse a los antojos “porque estoy embarazada”. Crepas, pizzas, cupcakes, enfrijoladas…todo lo que el bebé y mami quieran. Y al rato la mamá ballena pariendo un bebito de 2kilitos y, ¿los otros 15 kilos?

La noticia que les traigo es sencilla, EL CUERPO NO ENTIENDE DE RAZONES. Le vale madres si tienes cansancio, angustia, embarazo, emoción o hasta hambre. No le importa cual sea tu situación emocional. Sim-ple-men-te, TODO lo que comas, lo va a procesar y la grasa se va a para su lugar. La nalga crece. La panza se redondea. Y la ropa se encoge. No hay forma de brincarte el proceso, te pase lo que te pase.

Así que el que lo hace de vez en cuando, pues siga creyendo que tiene un complot con su cuerpo, pero el que lo hace diario, mejor ya entérese del engaño y empiece a comer bien.

¡Suerte!

El Bloqueador

  
Como no tocar el tema de nuestro amigo/enemigo, el bloqueador, en estas vacaciones. A quien sea que “le toca” ponerle el bloqueador a los niños, esa persona, SEGURO, no la pasa bien. Es un momento que tiene que tener planeación, gran logística, paciencia para lograr productividad y éxito, mucho rigor físico y asertividad. 

No es, simplemente, “poner el bloqueador”. Un niño viene programado para desafiar este momento. Para causar un brote de intolerancia en quien sea que este dedicándose a este labor. Un niño, sabe que lo necesita, pero sabe también, que si no se lo pone, se divierte igual. Sabe que mamá, papá, o abuelos, lo van a perseguir todo el día para embetunarlo, pero eso no le asusta, es parte del juego.

Entonces logras pescarlo, del brazo, de la blusa, de la pierna, o hasta de la oreja; Y A DARLE. Crema, spray, normal, hipoalergénico, caro o barato, es hora del bloqueador. Intentas iniciar tranquilo, respirando. Pero los niños se alejan 1 cm. por segundo. Cuando volteas para volver a agarrar el bloqueador, ya están a 50 cms. Y los tienes que jalaaaaar. No hay forma amable de hacerlo. Empiezan los enojos, no hay de otra.

El cuerpo es problemático y se alarga el tiempo de acuerdo a su edad y los cms. de piel que hay que cubrir. Pero la cara, ay, la cara, es todo un dilema. “Cierra los ojos, ábrelos, voltéame a ver, al otro lado, VOLTÉAME A VER, espérate, falta un poquito, a ver, mi vida, que pasa, estás todo blanco, dame un minuto más, VOLTÉAME A VER A MIIIIIIIIII, no te hagas para atrás, ven, faltas las orejas, te tengo que cubrir bien, esta fuertísimo el sol, amor, VOLTEA PARA ACAAAAAAA.” Y así, con hijo 1, 2, 3, 4..hasta terminar con la banda completa, agotada/o.

Sí, el spray lo hace más fácil. Y sí, la barra o “stick” para la cara, también. Pero sean las herramientas que sean, poner bloqueador es un “te toca” que de verdad no quieres que “te toque”. Esta bolita si se la pasan de uno al otro fingiendo demencia hasta ver a quien no le queda de otra más que poner el méndigo bloqueador. Gran invento, terrible producto. Dos en uno.

Del Mamita Al…

Empiezo esa edad como mamá en la que mi hijo se siente con la libertad y auténtica personalidad de contestarme “AASHHHHHH” a todo lo que le digo. No es “ayyy mami”, ni “nooo maaaa”, o “mamita dame chance”…, NOOOO!!!, es “AASHHHHHH”. 

Entonces busqué en el diccionario materno esa palabra taaaan despectiva y encontré este significado:

“Sonido específico que sale normalmente de una persona que está “hasta la madre”; viene acompañado de el famoso ojo rodado hacia arriba, brazo cruzado y cabeza ligeramente aventada hacia atrás. Es, sin duda, un gesto total y absolutamente despectivo que se aplica de parte del hijo al padre o madre que le “estorba” en ese preciso momento.”

No sé dónde lo aprendió. No sé como sabe usarlo y lograr que se me enchine la piel y me convierta en semi-bruja. De repente siento que tengo un hijo de 18 años…¿WHERE DID MY BABY GO? A dónde se fue el “mami, porfis, mamita linda, maaaa…” Pues gone, totalmente. Pero TO-TAL-MEN-TE.

Funciona algo así:

Temperatura 5 Grados C. , 8:00 a.m, corriendo para llegar al coche e ir a la escuela.

– ¿Mi vida te puedes poner la sudadera? (Ilusa yo que pregunto en vez de dar órdenes)

– No quiero.

– NO ES PREGUNTAAAAAAA, PONTE LA SUDADERAAAAAAA AHORITITA. 

AAASHHHHHHHH

—– 

Martes 8:00 pm., luces apagadas, bañados y cenados. 

– Mi amor, por favor puedes dejar tu ipad, vamos a leer y dormir. (Ilusa yo que pregunto en vez de dar órdenes)

– ¡No!, me falta un partido.

– NO ES PREGUNTAAAAAAA, DEJA TU IPAD Y A LEER EN ESTE INSTANTEEEEE. 
– AAASHHHHHHHH.

——

Sábado 3:00 p.m., camino al restaurante.

– Chiquito, puedes por favor no comer dulces ahorita, vas a comer “comida” en 10 minutos. (Ilusa yo que pregunto en vez de dar órdenes)

– ¡No! Igual como bien, sí me los voy a comer.

– NO ES PREGUNTAAAAAA, DEJA ESOS DULCES EN ESTE SEGUNDOOOOO.

– AAASHHHHHHHH.

——- 

Creo y temo, que con el AAASHHHHHH viene una etapa escaladora de gestos y palabras compuestas de 3 o 4 letras intercambiables que indican lo molestos que podemos llegar a ser como papás. Todo indica que estos niños se creen cada vez más libres y podemos, de vez en cuando (o en mucho), estarles estorbando.

Así es, nada que hacer…y la verdad, AASHHHHHHH!!!

Las horas EXTRAS

 He hecho pruebas, días tras días, y concluyo con certeza que hay dos horas extras en el día infantil: de 5:00 a 7:00 pm. Pero no son horas extras tipo VIP. No son horas extras de premio. No es “you have an EXTRA 20% discount today”. NOOOOO! Es un extra ne-ga-ti-vo. Es un extra que tiene un don de absorber un porcentaje altísimo de la pila de los papás. Un don de absorber paciencia, paz, agilidad, sonrisas, chistes, permisos…todo!!!
Pero es una situación relámpago y automática. Simplemente sucede. 4:45 todavía eres un padre/madre normal. 4:50 todavía crees que el domingo está agusto, tranquilo, y que la comida estuvo buena. 4:58 te das cuenta que casi no haz usado el celular en el día. Que ha sido un placer estar con tus hijos, disfrutarlos, verles sus caritas, jugar con ellos…

5:00 pm, y la batería cae de 60% a 11% en un segundo. Tolerancia, eliminada. Te empieza a dar sueño y muuucho cansancio. Y lo que sobre de la tarde, se ve eternooooo. Pero, desafiando toda lógica, tus hijos siguen con pila al 130%. No hay rastros de cansancio ni de sueño. Se sienten frescos, alegres, y dispuestos a hacerte pasar una tarde eternaaaaaa.

Ves tu reloj a las 5:005:105:205:44…NO PASA EL TIEMPO. Sigue siendo hora de estar despiertos. Sigues en horas de trabajo. “Paaaaaaaaaaaaaa, maaaaaaaaaaa, paaaaaaaaaaa.” Pero ahora sí, ya volviste al celular. Ahora sí ya necesitas escaparte. Ahora sí, la verdad, la estás empezando a pasar mal.

6:45 pm, parece que ya acabó la tortura. En 15 minutos acaban esas dos horas EXTRAS. En 15 minutitos empieza el momento de “cenarbañardormir”. Porque así es, junto con pegado. Sin pausas. Sin “peros”. Sin nada. De 7:00 a 8:00, ya no es cuestión de diversión, ya se da de manera mecánica. Ya es la antesala del final. Ya no pesan.

Y entonces, cuando ya duermen los polluelos. Y tu te sientes ultra extremada y absolutamente agotado, ves tu reloj, y aunque tu cuerpo siente que son las 11:50 pm, apenas son las 8:10 pm. Y la única explicación que hay es, esta, mi teoría, que ese tramo EXTRA de 5:00 a 7:00 pm, no debería de existir. Y mucho menos en fines de semana.

Citas Mentales

  1. Antes de la cita con el doctor, te dices a ti misma:
    “Le voy a decir que estoy muy mal. Que esta bola puede ser un tumor. O un quiste. O soy alérgica a lo que me puso. Que es el colmo que sigo inflamada. Que me duele cuando me paro y cuando me siento. Y que estoy harta de que su medicina no me hace nada. Y me vale lo que me diga, no me muevo de ahí si no me cura.”
    Llegas al doctor, tu lista de pendientes por explicar, armada con rifles, pistolas, valor, y muy chinguetas…te pasan, te sientas en la mesa de revisión y llega el doctor.
    – “Hola, como va todo. Se ve perfecto, maravilloso, esta desinflamando solito. Estoy contento con el proceso. ¿Usted como se siente?”
    – “Ehhh, un poco de dolor aquí y…”
    – “Es normal, todo normal. Va muy bien. Vístase.”
    …Y hasta ahí llega tu valor, tus múltiples armas, tus dolores, tus quejas y todo. A la casita con la boca cerrada y a seguir esperando que todo te parezca tan normal y perfecto a tí también.